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12 Compases

La Víspera del... IV
domingo, 2 de septiembre de 2007

Dobles Parejas
~.~

El apartamento era pequeño pero acogedor, a pesar de los palpables estragos del paso del tiempo sobre el edificio. La tenue luz de las farolas de la calle se colaba a través de la única ventana del salón, comunicado con la pequeña cocina a través de una barra americana, y con el dormitorio, mediante una puerta entreabierta a un lado. Había pocos muebles, apenas un sillón, una mesa y cuatro sillas. Una televisión de pocas pulgadas, que había vivido tiempos mejores, permanecía olvidada en un rincón, junto a una estantería ocupada por varios libros de edición de bolsillo, visiblemente desgastados por el uso, un sencillo equipo de música, y una amplia colección de vinilos y cd's. Sin embargo, el lugar emanaba un extraño aura de abrigo, impregnando las paredes con el cálido perfume del hogar.

Rachel se dispuso a preparar el te. Con aparente tranquilidad y precisión llenó un cazo de agua y lo puso a hervir. Lavó dos tazas de porcelana y un par de cucharas, rebuscó en los cajones hasta encontrar las bolsitas de te, y preparó una bandeja con todo aquello. Adán, sentado a la mesa, se limitaba a observarla sumido en el más profundo de los silencios, a la espera de algún tipo de reacción por parte de ella. Nunca llegó.

Rachel se comportaba como si aquella escena formase parte de su rutina habitual. Sus rasgos se difuminaban en un esbozo de autosuficiencia, y no había rastro de rigidez en sus movimientos. La fluidez de la que hacía gala transformaba cada acción que acometía en los pasos de un baile seductor. Y su pulso, firme como una roca, vertía el agua hirviendo en las tazas con una eficiencia tal, que pareciera estar inmersa en un sagrado ritual. Seguidamente tomó su taza y se apoyó en la encimera. Solo entonces se dignó a prestarle atención.

- ¿Qué has venido a hacer aquí? –preguntó, y su voz entonó la pregunta como si no esperase, o no le importase, recibir respuesta.
- ¿No te alegras de verme?
- No, Adán –respondió ella, sin apartar la mirada-. No siento alegría ni tristeza al verte.
- Como si de un completo desconocido se tratara… -murmuró él.

Rachel se volvió, enterrando la mirada en su reflejo de la ventana. Se vio a sí misma, y vio a Eva. Contempló a todas las mujeres que había sido, y examinó su devenir a lo largo de las eras. Lejos quedaban ya el jardín del Edén y los años en compañía de aquel hombre. La vergüenza investida sobre su nombre por los siglos de los siglos, el pecado original que nunca cometió. La distancia, la muerte, el renacer, y al fin… el olvido.

Lejos quedaba la mujer inocente que había sido, antes de asimilar el porvenir que había forjado para sí misma y los suyos. Repudiada por su estirpe, la felicidad no era más que una sombra que enturbiaba su alma con el reflejo de lo que nunca podría alcanzar, y esa era la única realidad que conocía, independientemente de quién fuera o en qué época viviera. Esa era, en verdad, su penitencia.

- Adán… –pronunció al fin-, como bien dijiste, ha pasado mucho tiempo.

~.~

- Estos son mis honorarios, la mitad por adelantado, y la otra mitad al terminar el trabajo.

El inconfundible y sucio bramido de una Fender Stratocaster del sesenta y nueve, potenciado por unas viejas pastillas Duncan, brotó como un viento huracanado a través del amplificador de válvulas, invadiendo la oscura y saturada atmósfera del local. La improvisación en estado puro se abrió paso, consagrándose en la mezcla de escalas menores, el tintineo de las piezas de hielo derritiéndose en las copas, y el rumor de las conversaciones. Todo aquello también formaba parte de la misma esencia del blues.

En una de las mesas del rincón, sentados frente a un par de whiskies, un hombre y una mujer hablaban en voz queda.

- ¿No le parece un poco… exagerado el precio? –susurró la mujer inclinándose sobre la mesa hacia su interlocutor, dejando deliberadamente a la vista el delgada línea entre sus senos, que asomaban a través del escote del vestido.
- En el precio está incluido mi silencio, así como los gastos e imprevistos que puedan sucederse mientras dure el encargo. Es la tarifa estándar para este tipo de trabajos –el hombre bebió un largo trago de su copa, sin dejarse llevar por la seductora apariencia de la mujer-. Lo toma, o lo deja. Siempre puede buscar otra persona por menos dinero, pero no espere un resultado profesional, con todo lo que ello implica.
- Bien… -respondió ella, reclinándose de nuevo en su asiento-. Lo haremos así – y sacó del bolso un talonario de cheques.
- No –se apresuró a decir él-. En efectivo. No deben relacionarnos, como comprenderá, por la seguridad de ambos.
- Comprendo –reconoció la mujer-. Bien, entonces ¿podemos vernos mañana de nuevo para formalizarlo todo? Traeré el dinero.

Víctor asintió, apurando su copa. Hacía poco que había vuelto a la ciudad, y ya tenía un nuevo encargo, pero se le antojaba sencillo: la típica mujer con pasta y aburrida, que sospechaba de su marido, y quería pruebas de su infidelidad, cuando probablemente ella también se los estaba poniendo con la mitad de los socios del club de golf. Sería coser y cantar, el dinero le vendría bien para relajarse una temporada, y esta vez no tendría que matar a nadie.

Su misión consistía en pillarlos in fraganti y tomar pruebas de todo cuanto viera u oyera. Seguramente ya se encargarían ella y sus abogados de desangrarlo después, de forma lenta y agónica, hasta que los nietos de sus nietos fuesen a la universidad.

- De acuerdo, señora...
- Llámeme Lilith
- Muy bien. Lilith - pronunció él. El blues tocaba a su fin y llegaba su momento más deseado-. Nos veremos mañana. Ahora, si me disculpa… me están esperando.

Ella se limitó a sonreír con levedad. Víctor se incorporó, tomando el saxo que descansaba junto a él, en la silla, y se dirigió al escenario. Mientras caminaba sentía los ojos de la mujer clavándosele en la nuca, pero no se volvió para mirarla. Era muy atractiva, y el trabajo parecía fácil y bien pagado, pero… ¿por qué todo aquello le daba tan mala espina? Lo comentaría más tarde con la almohada, ahora era tiempo de fundirse en el jazz, y dejar que la adrenalina se filtrara por su torrente sanguíneo y sus pulmones, directa centro tonal de su alma.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 17:17,




2 Comments:

At 3 de septiembre de 2007, 1:08, Blogger mar said...

y aqui me quedo escuchando el sonido del saxo, esperando volver a leerte...
Un besito.Mar

 
At 3 de septiembre de 2007, 3:00, Blogger Black said...

Jopelines, la historia avanza ^^, ¡qué nervios!

 

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