<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/4344533833935884018?origin\x3dhttp://12compases.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

12 Compases

La Víspera del... VI
sábado, 8 de septiembre de 2007

Los Sueños No Hacen Promesas
~.~

Caía la noche en la ciudad, y una figura solitaria se alejaba por entre las monstruosas hileras de hormigón, difuminándose lentamente con el paisaje. De su brazo izquierdo colgaba un viejo tres cuartos de cuero marrón, de la mano derecha pendía bien sujeto el estuche de un saxo. Andaba cabizbajo, con aire cansado y expresión conformista con la vida que le había tocado llevar, y emprendía cada paso como si avanzase en medio de arenas movedizas, donde caminar se convierte en un suplicio, y poco a poco uno se va convirtiendo en parte del cenagal. Así era Víctor, parte de esa ciudad, parte de su alma. Porque las ciudades poseen alma y conciencia, en simbiosis con aquellos que les han entregado la suya. Así, hay ciudades con un alma joven, pura, apenas dando sus primeros pasos… y otras cuyo alma es vieja, sucia, contaminada, fruto de cientos de años bebiendo de aquellos que en busca de la amante perfecta, se rinden a sus encantos, a sus placeres ocultos, y a la muerte que habita en sus callejones, hospitales, y estaciones de ferrocarril.

Víctor viajaba mucho, su trabajo en cierta manera lo obligaba a trasladarse largas temporadas, pero siempre regresaba como un toxicómano en busca de su dosis, era un adicto, estaba enganchado a aquella ciudad. Conocía los rincones más siniestros de su alma como ella los oscuros callejones de su corazón, eran el uno parte del otro, y ambos sabían que un día sería su propia sangre la que alimentara a las ratas de las alcantarillas. Hasta ese momento, Víctor sería una parte más de la ciudad, en consonancia con el maremagno de vida en ebullición que, surgiendo de las profundidades, alcanzaba las más altas cotas de la miseria. Tan solo cuando tocaba el saxo en el club, durante un instante al menos, podía asirse a un atisbo de esperanza y salir a flote. En aquellos momentos el atardecer de su mundo era el amanecer del siguiente, y en el océano del cosmos la ciudad se encontraba sepultada por toneladas de agua. Entonces nadaba hacia lo lejos, hasta perderse en el horizonte, y las cadenas que lo ataban a aquel desdichado mundo se rompían, permitiéndolo alzarse y volar… Luego, abría los ojos y el barman ya estaba cerrando, hacía rato que el concierto había terminado, y se encontraba perdido como siempre en el penúltimo vaso de Jack Daniel’s. A su alrededor, en cualquier lugar al que mirase, en cualquier parte en que se escondiese, la ciudad lo contemplaba, lo consolaba, y murmurando suavemente desde sus entrañas, lo instaba a recordar que los sueños no hacen promesas.

- ¡Ey, amigo! –Víctor se había detenido para encenderse un cigarrillo, cuando escuchó la voz que venía del suelo, y a trompicones se abría camino hasta sus oídos. Una voz rota, vapuleada, que sabía a papel mojado y retazos de tiempo. Su propietario no tenía mejor aspecto. Era un vagabundo que, medio escondido en una esquina, mendigaba alcohol a cambio de consejos. O al menos eso rezaba el cartón a sus pies-. ¿Qué día es hoy?
- Treinta –respondió con estoicismo, al tiempo que exhalaba el humo y reparaba en el anciano-. Treinta de diciembre.
- ¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! –dijo el vagabundo con vehemencia. Víctor se limitó a asentir indiferente-. ¿Sabe que eso mata? –añadió después señalando el cigarrillo, pero no era una pregunta.
- Vivir también mata –respondió Víctor. El vagabundo pareció meditarlo por un momento, y le pareció una respuesta con sentido.
-¿Me daría uno? Total, a estas alturas… -sonrió el vagabundo encogiéndose de hombros. Le faltaban algunos dientes.
- Tenga, y no pase frío –dijo Víctor mientras le soltaba en el regazo un paquete con cinco cigarrillos dentro-. Este será un invierno muy crudo.
- No lo sabe usted bien, amigo… –afirmó el vagabundo agradecido-. Que Dios le bendiga.
- Que Dios le oiga –respondió Víctor, y emprendió el camino de regreso a casa, pero al llegar a la esquina se detuvo, dándose media vuelta.

De nuevo tenía la sensación de que algo no iba bien, de que una pieza no encajaba en el devenir del puzzle al que estaba acostumbrado, y en un intento desesperado por cuadrar las circunstancias se volvió en busca del anciano. Lo que vio le sobresaltó, aunque no le extrañó en absoluto, de cierta manera sabía que sería así: el vagabundo ya no estaba en la esquina. Había desparecido. Y en el suelo, bailando al son de una brisa furtiva, se mecía de un lado a otro un arrugado y vacío paquete de tabaco.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 18:52, ,




La Víspera del... V
lunes, 3 de septiembre de 2007

Post Tenebras Lux
~.~

- Tengo miedo, Rachel.
- ¿De qué tienes miedo?
- Tengo miedo del futuro. Tengo miedo de no saber tomar la decisión correcta.
- En eso consiste la vida, cariño, el fundamento de toda la existencia.
- No te entiendo.
- Es muy sencillo, cielo. Alguien, hace mucho tiempo, cometió un grave error.


Morgan contemplaba el vaso vacío entre sus manos, mientras dejaba a las palabras deambular por su cabeza. Conversaciones fugaces que iban y venían, recreando momentos vividos, instantes soñados, y realidades inventadas, confabulándose con el infinito para arrastrarla de nuevo a su presencia.

La voz de Rachel brotaba de lo más profundo de sus recuerdos, inundando su cerebro con el cálido néctar de su risa. Por un instante, el lóbrego salón se transformó en la habitación del burdel donde había escuchado, por primera vez, los frenéticos latidos de un corazón que creía muerto. Tras haber sido vapuleado, engañado, despechado, avergonzado, y finalmente tiroteado, aquel músculo inservible, convertido en un campo de minas, se había contraído en un espasmo, fibrilando hasta volver a latir. Y ahora, el aliento que había devuelto la vida al náufrago a la deriva, arrastrado por el lento oleaje de su propia rutina, se evaporaba gota a gota entre el alcohol y la nicotina que empalagaban su boca, olvidando lentamente la fragancia del perfume que aún impregnaba sus recuerdos.

El amanecer se filtraba por las persianas bajadas, y la más oscura noche se adueñaba del silencio de la habitación, ahora una celda de lágrimas secas brotando de las cuencas vacías, donde el llanto de un niño recién nacido, hijo de la desesperación y el sufrimiento, anunciaba un inminente despertar. Anunciaba un retorno hacia la luz.

Morgan se estremeció. Sintió frío de pronto; un frío viejo, primitivo, rancio, que en forma de escalofrío abrazaba su espina dorsal, asiéndose a su médula con uñas de hielo y dientes de metal. Haciéndose un hueco en el cálido refugio de sus entrañas, como intentando escapar de un foso intangible que lo arrastraba sin remedio al inframundo.

Duró mil años, que es el tiempo que dura un segundo, cuando el dolor se debate entre la consciencia y el delirio, y entonces cesó. Y el reflejo de su rostro en el cristal del espejo le devolvió la mirada; altivo, impávido, y completamente desconocido.

Contempló largo rato el desfile de nuevas sensaciones que se agolpaban en su pecho, a través de los ojos que, clavados en los suyos, lo escrutaban más allá del límite que separa la realidad del mundo onírico, enmarcado en el espejo. Las imágenes se sucedían con vertiginosa violencia, sin apenas tiempo de ser asimiladas por su aletargada razón, y cuando estaba a punto de ser fulminado por la alucinación, en un arrebato de furia, descargó sus puños contra el espejo.

Gritó al tiempo que los cristales salían despedidos, clavándose en el suelo y en sus manos, y la sangre surgió a borbotones por entre las heridas, pero no le importó. Ni tan siquiera reparó en ello cuando, presa del pánico, abandonó el apartamento, corriendo escaleras abajo hasta llegar a la calle, donde se encontró cara a cara con la cegadora luz del sol.

El niño había dejado de llorar.

~.~


- Tengo el mismo sueño cada noche, desde hace semanas… -murmuró Adán, con la mirada perdida en el fluido ambarino de su taza-. Me despierto bañado en sudor, pero no estoy despierto, continuo soñando, y así una y otra vez… A veces duele.
- ¿El sueño duele? –preguntó ella.
- No, duele no saber a ciencia cierta si estás soñando o no… Aun ahora me pregunto si no estaré dormido y no me puedo despertar –alzó la vista y miró a Eva con melancolía-. ¿Sabes? Nunca olvidé. No me dejaron olvidar. En mi cabeza arrastro miles de años de existencia... pero aun puedo verte como si nunca hubiésemos… ¿Qué día es hoy?
- Treinta de diciembre.
- Ah, entonces es mañana la víspera.
- ¿De año nuevo? –preguntó Rachel.
- No, del fin del mundo… -y tras pronunciar esto bebió pausadamente del te.

Rachel no dijo nada. Adán no veía el mundo igual que los demás, sus ojos filtraban el espectro de realidad humana permitiéndole observar los hilos que tejían el continuo espacio tiempo. Era como contemplar el pasado, el presente y el futuro a la vez, con sus múltiples dimensiones, opciones, situaciones fruto de las decisiones tomadas o por tomar. Un arquitecto ve los planos de un edificio y es capaz de imaginar el resultado, Adan se encontraba sumido en los planos del mundo, y en su propio resultado, solo que el mundo es un edificio que cambia a cada instante, y con él los planos, sus estructuras, sus niveles con miles de corredores y puertas que no conducen a ninguna parte, o a todas a la vez. Podía observar el mundo como el Creador, pero era incapaz de comprenderlo, y todo aquello lo estaba volviendo loco.

- Voy a matarlo –sentenció Adán, haciendo añicos el silencio con el tenue ronquido de su voz-. Por lo que nos hizo, Eva, mañana voy a matar a Dios.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 3:32, ,




La Víspera del... IV
domingo, 2 de septiembre de 2007

Dobles Parejas
~.~

El apartamento era pequeño pero acogedor, a pesar de los palpables estragos del paso del tiempo sobre el edificio. La tenue luz de las farolas de la calle se colaba a través de la única ventana del salón, comunicado con la pequeña cocina a través de una barra americana, y con el dormitorio, mediante una puerta entreabierta a un lado. Había pocos muebles, apenas un sillón, una mesa y cuatro sillas. Una televisión de pocas pulgadas, que había vivido tiempos mejores, permanecía olvidada en un rincón, junto a una estantería ocupada por varios libros de edición de bolsillo, visiblemente desgastados por el uso, un sencillo equipo de música, y una amplia colección de vinilos y cd's. Sin embargo, el lugar emanaba un extraño aura de abrigo, impregnando las paredes con el cálido perfume del hogar.

Rachel se dispuso a preparar el te. Con aparente tranquilidad y precisión llenó un cazo de agua y lo puso a hervir. Lavó dos tazas de porcelana y un par de cucharas, rebuscó en los cajones hasta encontrar las bolsitas de te, y preparó una bandeja con todo aquello. Adán, sentado a la mesa, se limitaba a observarla sumido en el más profundo de los silencios, a la espera de algún tipo de reacción por parte de ella. Nunca llegó.

Rachel se comportaba como si aquella escena formase parte de su rutina habitual. Sus rasgos se difuminaban en un esbozo de autosuficiencia, y no había rastro de rigidez en sus movimientos. La fluidez de la que hacía gala transformaba cada acción que acometía en los pasos de un baile seductor. Y su pulso, firme como una roca, vertía el agua hirviendo en las tazas con una eficiencia tal, que pareciera estar inmersa en un sagrado ritual. Seguidamente tomó su taza y se apoyó en la encimera. Solo entonces se dignó a prestarle atención.

- ¿Qué has venido a hacer aquí? –preguntó, y su voz entonó la pregunta como si no esperase, o no le importase, recibir respuesta.
- ¿No te alegras de verme?
- No, Adán –respondió ella, sin apartar la mirada-. No siento alegría ni tristeza al verte.
- Como si de un completo desconocido se tratara… -murmuró él.

Rachel se volvió, enterrando la mirada en su reflejo de la ventana. Se vio a sí misma, y vio a Eva. Contempló a todas las mujeres que había sido, y examinó su devenir a lo largo de las eras. Lejos quedaban ya el jardín del Edén y los años en compañía de aquel hombre. La vergüenza investida sobre su nombre por los siglos de los siglos, el pecado original que nunca cometió. La distancia, la muerte, el renacer, y al fin… el olvido.

Lejos quedaba la mujer inocente que había sido, antes de asimilar el porvenir que había forjado para sí misma y los suyos. Repudiada por su estirpe, la felicidad no era más que una sombra que enturbiaba su alma con el reflejo de lo que nunca podría alcanzar, y esa era la única realidad que conocía, independientemente de quién fuera o en qué época viviera. Esa era, en verdad, su penitencia.

- Adán… –pronunció al fin-, como bien dijiste, ha pasado mucho tiempo.

~.~

- Estos son mis honorarios, la mitad por adelantado, y la otra mitad al terminar el trabajo.

El inconfundible y sucio bramido de una Fender Stratocaster del sesenta y nueve, potenciado por unas viejas pastillas Duncan, brotó como un viento huracanado a través del amplificador de válvulas, invadiendo la oscura y saturada atmósfera del local. La improvisación en estado puro se abrió paso, consagrándose en la mezcla de escalas menores, el tintineo de las piezas de hielo derritiéndose en las copas, y el rumor de las conversaciones. Todo aquello también formaba parte de la misma esencia del blues.

En una de las mesas del rincón, sentados frente a un par de whiskies, un hombre y una mujer hablaban en voz queda.

- ¿No le parece un poco… exagerado el precio? –susurró la mujer inclinándose sobre la mesa hacia su interlocutor, dejando deliberadamente a la vista el delgada línea entre sus senos, que asomaban a través del escote del vestido.
- En el precio está incluido mi silencio, así como los gastos e imprevistos que puedan sucederse mientras dure el encargo. Es la tarifa estándar para este tipo de trabajos –el hombre bebió un largo trago de su copa, sin dejarse llevar por la seductora apariencia de la mujer-. Lo toma, o lo deja. Siempre puede buscar otra persona por menos dinero, pero no espere un resultado profesional, con todo lo que ello implica.
- Bien… -respondió ella, reclinándose de nuevo en su asiento-. Lo haremos así – y sacó del bolso un talonario de cheques.
- No –se apresuró a decir él-. En efectivo. No deben relacionarnos, como comprenderá, por la seguridad de ambos.
- Comprendo –reconoció la mujer-. Bien, entonces ¿podemos vernos mañana de nuevo para formalizarlo todo? Traeré el dinero.

Víctor asintió, apurando su copa. Hacía poco que había vuelto a la ciudad, y ya tenía un nuevo encargo, pero se le antojaba sencillo: la típica mujer con pasta y aburrida, que sospechaba de su marido, y quería pruebas de su infidelidad, cuando probablemente ella también se los estaba poniendo con la mitad de los socios del club de golf. Sería coser y cantar, el dinero le vendría bien para relajarse una temporada, y esta vez no tendría que matar a nadie.

Su misión consistía en pillarlos in fraganti y tomar pruebas de todo cuanto viera u oyera. Seguramente ya se encargarían ella y sus abogados de desangrarlo después, de forma lenta y agónica, hasta que los nietos de sus nietos fuesen a la universidad.

- De acuerdo, señora...
- Llámeme Lilith
- Muy bien. Lilith - pronunció él. El blues tocaba a su fin y llegaba su momento más deseado-. Nos veremos mañana. Ahora, si me disculpa… me están esperando.

Ella se limitó a sonreír con levedad. Víctor se incorporó, tomando el saxo que descansaba junto a él, en la silla, y se dirigió al escenario. Mientras caminaba sentía los ojos de la mujer clavándosele en la nuca, pero no se volvió para mirarla. Era muy atractiva, y el trabajo parecía fácil y bien pagado, pero… ¿por qué todo aquello le daba tan mala espina? Lo comentaría más tarde con la almohada, ahora era tiempo de fundirse en el jazz, y dejar que la adrenalina se filtrara por su torrente sanguíneo y sus pulmones, directa centro tonal de su alma.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 17:17, ,




La Víspera del... III
sábado, 1 de septiembre de 2007

Génesis
~.~

Al principio…

Adán deambulaba por el paraíso contemplando la obra de Dios, la magnificencia de la creación, el milagro de la vida. No se sentía dueño de aquel lugar, sino parte de él, como una efímera e insignificante gota de rocío, desnuda ante la devastadora belleza del jardín del Edén.

Sin quererlo, o al menos sin planteárselo, llegó al claro del bosque donde se encontraba el árbol de la fruta prohibida. Podía disponer de cuanto se le antojase, excepto de las frutas de ese árbol. Dios le había dado todo cuanto había deseado, aún antes de saber lo que significaba desear algo. Le había dado la vida, le dio refugio, la mejor de las compañeras, pero también le dio responsabilidad, le dio una razón para existir, y la única condición que le impuso fue no probar los frutos de aquel lugar. ¿Por qué, sin embargo, siempre acababa acudiendo allí?

El viento parecía susurrar su nombre, cuando acariciaba con sus dedos intangibles las hojas del manzano, y aun estando a varios kilómetros podía sentirlo susurrar en su oído, con voz queda, suavemente, adentrándose en sus pensamientos, dominándolo por completo. Y cuando alzaba la vista, estaba frente a él, y no recordaba cómo había llegado allí, ni lo que había estado haciendo antes. Solo sabía que ansiaba uno de aquellos frutos más que a nada en el mundo, que cambiaría todo cuanto le había sido entregado por probar una sola de aquellas embriagadoras manzanas.

- Lo estás deseando –murmuró el viento con voz de mujer, y Adán sintió sus cálidos labios acariciar su cuello, sus manos suaves recorrer su pecho, y sus delicados senos contra su espalda, fundiéndose en un abrazo-. El deseo te devora por dentro, Adán. Anhelas los frutos de ese árbol porque sabes que esconde el misterio de Dios, el alma de Dios, su esencia hecha jugo y pulpa. Dios tiene miedo de tu potencial, de que seas su igual, por eso no quiere que pruebes su ambrosía. Es el alimento de Dios, Adán, es lo que separa al hombre de convertirse en Todopoderoso.

- Tú no eres Eva... – dijo Adán dándose media vuelta, comprobando que la mujer que seductoramente lo abrazaba no era el viento, ni fruto de su delirio, sino que estaba junto a él. Misteriosa, cautivadora, rozando cada poro de su piel con su desnudez-. ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

- Soy quien tú quieras que sea –respondió ella, recorriendo el pecho de Adán con las yemas de sus dedos-. Solo importa lo que tú quieres, y todo cuanto quieres te lo puedo entregar. Mi misión es ungirte la corona que por derecho te pertenece, y servirte en todo aquello que tu mente y tu corazón dispongan. Adán… mi señor Adán, el amo del jardín Edén. Pero antes debes despertar, abrir los ojos del alma, y convertirte en Dios. Antes debes saborear una de esas deliciosas manzanas.

Y Adán sucumbió al embrujo de la mujer, y arrancó una de las manzanas del árbol prohibido, llevándosela a la boca, dejando que el dulce néctar de la fruta se mezclara con su saliva, invadiendo sus sentidos, despertándolo del sueño en que había estado sumido desde el día de su creación.

Entonces contempló el mundo, y allí donde había visto belleza solo halló desazón y podredumbre. Los verdes prados del jardín del Edén eran ahora un pantano de lamentos y angustia extendiéndose frente a él. Buscó a la mujer, pero en el lugar en que había aparecido solo encontró una serpiente que, siseando, se alejaba, perdiéndose en la maleza. Entonces sintió pavor, el miedo se apoderó de su alma, y contempló su desnudez, la fragilidad de su cuerpo frente a los peligros del bosque, y huyó en busca del único ser en ese mundo que podía aliviar el vacío que lo devoraba: Eva.

Eva nadaba en el lago, dejando que su cuerpo se sumergiera en un remanso de tranquilidad. Era ajena a cuanto estaba sucediendo, cuando vio a Adán aparecer en la orilla, cubriendo su humillación con las hojas de un matorral. La sombra de la vergüenza se hacía eco en su semblante, triste, herido en el orgullo, sobrecogido por la angustia, y temblando de pánico. En su mano aferraba algo como si la vida le fuese en ello, y Eva tuvo la certeza de que así era. No necesitaba ver el fruto para saber de dónde provenía, y comprendió que a partir de ese día nada volvería a ser igual. Salió del agua y abrazó a Adán con ternura, con amor, jurándole que todo saldría bien, mientras permaneciesen juntos todo saldría bien. Mientras, él lloraba sin poder dejar de repetir.

- ¡Eva, fue la serpiente…! Estamos desnudos, Eva… ¡¡Estamos desnudos!!.
- ¿Y cómo sabéis que estáis desnudos? –la Voz de Dios bramó en sus oídos, resquebrajando los cielos, haciendo temblar el suelo, bajo sus pies-. ¿Acaso habéis probado el fruto del árbol prohibido?

Adán se quedó paralizado ante la presencia de Dios. La ira del Todopoderoso se filtraba en su corazón, cortando su respiración, secándole la garganta, dejándolo sin habla.

- Fue culpa mía, mi señor – pronunció entonces Eva con firmeza, tragándose las lágrimas y el miedo-. Me dejé engañar por la serpiente, y por ello nos he condenado. No se lo tengáis en cuenta a Adán, Padre, castigadme únicamente a mí. Tomad mi vida si os place, pues no soy digna de vuestro perdón ni del perdón de este hombre.

Y Dios actuó en consecuencia, expulsándolos del jardín del Edén, condenándolos a morir y volver a vivir una vida tras otra eternamente, en soledad, separados el uno del otro, contemplando la degradación de su especie, hasta el fin de los tiempos, en que volverían a encontrarse para pagar por su afrenta, y por todos los pecados de su progenie.

Una noche y miles de vidas después…

Rachel bajaba las escaleras de su apartamento. Era una noche cualquiera, una noche mezquina, y los callejones olían a asfalto y goma quemada, y la luna se engalanaba de luces de neón. Apenas disponía de una hora para entrar a trabajar, cuando en el portal se cruzó con un extraño.

Tan solo dijo hola, pero la realidad se dio de bruces con el tiempo, y el espacio se plegó sobre sí mismo. El presente y el pasado se enfrentaron cara a cara, y los recuerdos clamaron en lo profundo del olvido. Entonces ella alzó la mirada, y el puzzle de su sonrisa estalló en mil pedazos, el velo de sus ojos cayó al suelo, y con la serenidad del que en el fondo sabe que llegará ese día respondió:

- Ah. Eres tú.
- Ha pasado mucho tiempo, Eva.
- Sí, Adán. Mucho tiempo.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 15:47, ,




La Víspera del... II
viernes, 31 de agosto de 2007

Rachel
~.~

Nunca nadie le escribió versos de amor, ni ella se dejó seducir por el circo de eufemismos que envuelven el día a día. En sus ojos las esmeraldas permanecían ocultas por un velo, y sus mejillas encharcadas del rubor de la experiencia.

Su nombre era Rachel, antes había tenido otros. En el pasado, donde el asfalto de los callejones no olía a goma quemada sino a orín, y la luna no lucía gargantillas de neón. Había sido joven una vez, despreocupada y risueña, luego el tiempo hizo mella, y los acontecimientos cincelaron su semblante. Había sido vieja después, con arrugas en su rostro inmaculado, solo apreciables en el tacto envenenado de sus palabras.

A pesar de aquello su sonrisa era sincera, y no por ello ingenua. Su sonrisa había sido cosida a retales por la vida, como piezas de distintos puzzles que se unen para construir algo bello. Una sonrisa única, sabia, una sonrisa con el dulzor de una amargura empapada en esperanza. Sabía mejor que nadie que se puede perderlo todo, aun cuando no se tiene nada, y a veces nada es una posesión muy valiosa.

Su alma latía en lo más profundo de la ciudad, un alma vieja, bajo los pasos apresurados de la gente, al compás del ruido del tráfico, a través de los cables de tensión, de los postes de la luz, y dentro de su pecho. Un alma que había hallado un hueco pequeño, pero confortable, cálido, y virgen. Entonces oscureció, y las tinieblas se apoderaron de sus días tomándolos uno a uno, devorándolos lentamente, consumiéndolos por completo, y hasta la nada le fue arrebatada.

Rachel despertó en la cama de un hospital, tras un coma por sobredosis. Despertó sin saber dónde estaba, qué había pasado, cómo había llegado allí, y con un porqué tatuado en su frente. Solo sabía que se llamaba Rachel, y que no siempre fue así. Pero había vuelto a nacer, y un nombre puede forjar de nuevo a una persona; porque se empieza por un nombre y luego se construye todo lo demás. Un nombre puede redefinirlo todo.

No había rastro alguno de arrugas en su rostro ni en sus palabras, la juventud se filtraba en el torrente sanguíneo, como antes lo había hecho la morfina, y un nuevo día comenzaba a clarear. Un comienzo tras un largo intermedio. Una oportunidad para cambiar el mundo, su mundo, nuestro mundo. Borrón y cuenta nueva.

Pero el destino, que si bien no rige los acontecimientos sí conoce sus entresijos, sabía que nada es tan sencillo como pasar página y comenzar de cero. El destino sabe que los cabos sin atar desembocan en nudos alrededor del cuello, que el peso del devenir termina por cerrar tarde o temprano. El pasado es de andares lentos pero constantes, y fluye en línea recta, mientras que el presente da vueltas y vueltas sobre sí mismo. Así, llega un momento en que pasado y presente cruzan sus caminos, y la realidad se distorsiona, tambaleándose, fluctuando, arrastrando los cadáveres de la memoria que exigen el justo pago por la afrenta del olvido.

Y cuando los nudos se cierran, y pasado y presente enfrentan sus miradas, y el universo fluctúa, se producen encuentros inesperados.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 16:09, ,




La Víspera del... I
miércoles, 29 de agosto de 2007

Morgan
~.~


Solían llamarle Morgan, y le gustaba. Aun cuando no era su verdadero nombre, aun cuando fingía ser un hombre completamente distinto en un mundo diferente, donde podía conseguir cualquier cosa, donde podía campar a sus anchas. Le gustaba. Tenía plena convicción de que el nombre forjaba a la persona, no su pasado, no su presente ni su futuro, el nombre podía redefinirlo todo.

Lo supo cuando brotó de los labios de aquella mujer. Solo era una puta, y él se refugiaba del mundo bajo un sombrero de fieltro gris, y una gabardina, tratando de ocultar lo evidente.

- Tienes cara de llamarte Morgan - pronunció ella, mientras le abría la camisa para acariciar su torso, y un nuevo universo de posibilidades se abrió ante él.

No dejó que le quitara el sombrero ni la gabardina, ella tampoco insistió. El resto de su cuerpo desnudo se entregó por completo a las expertas manos de la ramera, y sus labios lo transportaron a una habitación en blanco y negro, donde el olor de los fluidos se mezclaba con el de otras sustancias. Era algo más que sexo, era un renacer.

A partir de esa noche, y cada noche, él era Morgan. Cuando se sentaba en la barra del bar y bebía pacientemente de la copa de bourbon, él era Morgan. Cuando tarareaba en voz queda a Viktoria Tolstoy, sin prestar atención a los parroquianos del burdel, él era Morgan. Cuando alguna puta se sentaba a su lado y él la contemplaba con aparente desinterés, era Morgan. Era Morgan cuando se acostaba con su fulana, sin quitarse la gabardina ni el sombrero. Era Morgan, y todos en el local lo sabían, aunque no supieran a ciencia cierta quién era en realidad, ni a qué se dedicaba. Lo respetaban porque era Morgan. Y Morgan no era cualquiera.

En ocasiones parecía escuchar, y sus silencios eran interpretados como sabios consejos. Otras respondía a las preguntas con vagas alusiones, y todos entendían que Morgan era un superviviente de la vida. Pero Morgan era, ante todo, un caballero a la antigua usanza. En las arrugas nacientes de su rostro se podían entrever historias de amor, peligro y aventuras, que nadie de aquel local llegaría nunca a experimentar. Nada más lejos de la realidad.

Muchas eran las leyendas que corrían entorno a Morgan, porque Morgan vestía un aura de misterio bajo aquella gabardina y su viejo sombrero, ahogándose cada noche en bourbon hasta que llegaba su puta. Entonces desaparecía y nadie volvía a verlo hasta la noche siguiente. Todos admiraban en secreto a Morgan, porque de alguna forma todos necesitamos un héroe.

Aquella noche Rachel no apareció, y tras apurar su décima copa de four roses, se dirigió a la salida. Había rechazado a todas las putas del local, no quería otra que no fuese Rachel, pero nadie supo explicarle porqué no había ido a trabajar. No había llamado ni había avisado la noche anterior, y el local estaba a punto de cerrar.

Por un instante se sintió indefenso. No podía existir Morgan sin Rachel, era el pilar sobre el que había construido su mundo, eran los brazos que lo acunaban noche tras noche, el pecho en que hundía su rostro para escapar de su absurda rutina, el abismo al que podía saltar para alcanzar las cotas más altas de un placer indescriptible. La forja del acero con que había recubierto su frágil alma, el reposo del guerrero que no era tal. Rachel era la madre de Morgan, su esposa, su amante, su diosa, su puta. Y él tuvo miedo. Miedo de regresar a noches vacías en un cuarto vacío, miedo de encontrar su reflejo en el otro extremo de una botella, miedo de morir para volver a ser él mismo. Pero, sobre todo, tuvo miedo de no volver a verla, porque en lo más profundo de su ser él la amaba.

- Señor... – Morgan se volvió hacia la barra -. Su sombrero, Señor – había dicho el barman, y percibió en los ojos del muchacho los síntomas de su propia debilidad.

Poco a poco su alterego se desmoronaba, sembrando de lamentable angustia los recovecos de su coraza. Recogió el sombrero, en un último esfuerzo por recobrar la compostura; se lo caló hondo, y salió a la calle con la cabeza bien alta. Una vez se hubo cerrado la puerta tras de sí, sintió cómo se derrumbaba por dentro, pero el orgullo no le permitió caer. Aún no. Todavía no. Volvería en busca de Rachel y no la dejaría marchar nunca más.

Cuando se recostó en el asiento del taxi Morgan ya no estaba, y Rachel era solo el nombre de una puta.

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 12:55, ,




La Víspera del Fin del Mundo

A modo de introducción
~.~

Bueno, este es un relato que tenía aparcado por ahí, y no sé porqué me ha dado la vena de continuarlo... Digo "no sé porqué" porque no suele ser normal en mí continuar los relatos que dejo a medias (como alguno ya se habrá dado cuenta a estas alturas). El caso es que vamos a intentarlo, a ver si con vuestra ayuda consigo acabarlo. Iré posteando los capítulos que tengo revisados (cuatro, y breves los cuatro) durante estos días, para no soltarlos todos de golpe, y sabed que se admiten sugerencias e ideas. Todo es ostensible de ser modificado. Y cuando estén los cuatro listos para sentencia continuaré la historia ¿os parece?

Espero que entre todos podamos sacar algo en claro...

Etiquetas:

posted by Blue Devil's @ 12:31, ,